Terrores nocturnos vs. pesadillas: cómo distinguirlos
El niño grita pero no se despierta realmente, o se despierta asustado y lo recuerda todo: dos fenómenos muy distintos que se manejan de forma diferente.
Los terrores nocturnos ocurren durante el sueño profundo (no REM), generalmente en el primer tercio de la noche. El niño puede gritar, sentarse en la cama, tener los ojos abiertos y parecer aterrorizado, pero no está realmente consciente y no recordará nada por la mañana. Afectan sobre todo a niños de 2 a 6 años y suelen resolverse solos.
Las pesadillas, en cambio, ocurren durante el sueño REM, más frecuente al final de la noche. El niño se despierta por completo, es capaz de contar qué lo asustó, busca activamente consuelo y a menudo recuerda el sueño, a veces durante varios días. Se vuelven más frecuentes con el desarrollo de la imaginación, hacia los 3-6 años.
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Ante un terror nocturno, generalmente se recomienda no despertar al niño ni intentar razonar con él — esto puede prolongar el episodio o desorientarlo más. Permanecer cerca, asegurarse de que no se lastime, y esperar a que el episodio termine solo (habitualmente en unos minutos) es el enfoque más eficaz.
Ante una pesadilla, el consuelo directo funciona bien: tranquilizar al niño, encender una luz de noche, quedarse unos minutos a su lado. Los terrores nocturnos muy frecuentes, prolongados, o que aparecen por primera vez en un niño mayor merecen comentarse con un profesional de la salud, ya que a veces pueden estar relacionados con falta de sueño u otro trastorno subyacente.
Esta información es general y no sustituye el consejo de tu profesional de la salud (médico, partera, enfermera, farmacéutico). Cada situación es única: confírmalo siempre con él o ella antes de tomar una decisión. En caso de emergencia, llama al 911 o a los servicios de emergencia de tu región.
